domingo, 14 de marzo de 2010

El Extranjero. Diario Estanco (Capítulo 10)

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Mar del Plata, 10 de febrero de 1980




Marion despierta en su habitación plagada de muñecos de peluche, que la abrazan y acompañan en sus noches tranquilas, cuando la ciudad duerme. En su mesa de luz, un libro la espera apoyado en la base de la lámpara del velador, con una nota adosada que dice:-“Por favor, léeme”. Se despereza apretando algunos ositos y se incorpora sobre un costado de la cama fijando la vista en la nota, aunque sin comprender que significa hasta que sus ojos desempañan su pereza que parece retrasar su amanecer. Por fin adopta una expresión de extrañeza y toma el libro con ambas manos, y lo abre en la primera hoja, sumergiéndose en él como si continuara soñando.
-“Mi vida en palacio no fue muy desagradable hasta que me la quitaron…”-hace un gesto de estupor pero luego continúa leyendo.-“Ese mundo era muy diferente a éste y sin embargo parecía que lo estricto de las reglas no interfería en lo que a placeres se refiere. Yo deseaba satisfacer a cada uno de los edecanes que me habían asignado y jamás hubiera pensado en evitarlos, dado que siempre fueron amables conmigo, y yo, como todas las demás mujeres de la corte teníamos cualquier cosa que pudiésemos desear al alcance de la mano, a excepción de frecuentar a alguien que no perteneciera a nuestro círculo, lo que perecía un despropósito para cualquier mujer que se encontrara allí.”-Marion deja el diario sobre la mesa, y camina hacia el baño, consciente de que esa lectura no le aporta nada que no supiese, aunque al cerrar el libro, puede notar que algunas hojas han sido arrancadas, lo que no recuerda haber hecho, como tampoco el haber iniciado un diario, y esto la deja intrigada de modo tal que no puede sacarse la idea de la cabeza de seguir leyéndolo. Entra en la ducha luego de quitarse el camisón, y el agua en sus ojos refresca su memoria hasta el momento en que fue detenida por la policía de palacio, por encontrarla teniendo sexo con uno de los jardineros, situación que ahora le parece una torpeza, y ni siquiera recuerda la cara del muchacho. Haciendo un esfuerzo, evoca el instante en que fue condenada a muerte y repasa cada paso que dio hasta el cadalso, con las expresiones de cada uno de sus maridos, que la miraban con desaliento, aunque en ese lugar no cabían los sentimientos personales, razón por la cual fue enviada aquí, luego de su deceso, en este cuerpo renovado, aunque idéntico.
Marion sale del cuarto de baño envuelta en una toalla y decide continuar su lectura, porque no recuerda los días pasados en esta ciudad, aunque tal vez sea que no hay nada importante que recordar. Solo sabe que está aquí con una misión de aprendizaje, no solo para ella sino para su especie, que espera un reporte final una vez que su trabajo concluya; que no debe involucrarse con la gente para no ser contaminada con sus problemas, ya que de nada sirven en su mundo; que para ello debía buscar una ocupación acorde a sus inquietudes y que no la obligue a exponerse ante el pueblo, por lo que eligió el oficio de prostituta, algo que le agrada, que le da la posibilidad de escuchar sin tener que explicar, lo que resulta muy conveniente a sus propósitos.
Toma el diario una vez más y lo abre en la segunda hoja, donde explica sus relaciones con diferentes hombres de la ciudad.
-“Hoy tuve un encuentro con el encargado de seguridad del intendente, un teniente primero del ejército, quién me contó algunas cosas horribles mientras teníamos sexo. Me pareció que lo excitaba contar las atrocidades que había hecho a lo largo de su carrera militar, y cuando le pregunté si no temía decírmelo a mí, una puta, me dijo que era muy católico y que no podía confesarlo con su cura porque temía que éste tendría una mala impresión de él, y no podía comprometerse, dado que lo conocía muy bien”.- Marion toma aliento y se preocupa por no poder recordar nada de lo que está leyendo, aún cuando está fechado en el día de ayer; con desesperación insiste en la lectura:-“ En medio del coito decidí interrumpirlo para preguntarle cómo pensaba hacer para que yo no comente lo que hizo, lo que lo enojó mucho y me arrojó al piso golpeándome fuertemente y advirtiéndome que su personal se encargaría de eso por él”-en este momento, Marion se quita la toalla del cuerpo para buscar algún indicio de golpes, o moretones sin ningún resultado y ansiosa continúa leyendo:-“Al retirarse el teniente me dejó totalmente lastimada con la cara deformada por los golpes y moretones en todo el cuerpo…me lavé en el baño y luego me acosté en la cama a escribir esto, porque sospechaba que mañana no lo recordaría, como me ha sucedido otras veces…cuando escuché unos pasos detrás de la puerta…”-Aquí descubre que faltan algunas hojas del diario y en ese momento Marion advierte unas pequeñas manchas de sangre en el piso de madera que alguien intentó borrar y se apresura a terminar de leer:-“Apareció un joven soldado, quien me vio en la cama magullada, se quitó el cinturón con el arma oficial dejándolo en la mesa de luz, luego bajó sus pantalones hasta sus rodillas y abusó de mí, mientras amenazaba con matarme luego, sin importarle que me resista o no, cosa que no hice; él se quedó dormido sobre mí, y me decidí a escribir esto”.-Esto es todo lo que se encuentra escrito en el diario, y Marion, que no posee ninguna cicatriz ni moretón en el cuerpo se queda pensativa hasta que siente unos pasos detrás de la puerta, se esconde tras el armario y ve entrar al joven soldado, que ahora sí reconoce, lo ve pasar al baño y volver con una toalla mojada, agacharse a terminar de limpiar las manchas de sangre y abandonar nuevamente la pieza.
Marion, que ahora sabe que tiene un nuevo cuerpo, se viste rápidamente con ropa casual, toma su diario y se escabulle por la escalera asegurándose de no ser vista.

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